El 21 de junio de 2015 Julia, Nuria, Julio y Ron son despedidos por un grupo de amigos en la playa de Barra (Ría de Vigo). Durante los próximos dos años los cuatro serán la tripulación del velero Alba Plena, que será su hogar, en una experiencia que los cambiará para siempre.
Julio y Nuria llevan juntos desde hace casi dos décadas y su hija Julia tiene en ese momento 8 años. Desde que la pareja se casó en 2004 e hizo su primera travesía larga (en aquel año habían navegado durante seis meses), no deja de pensar en la posibilidad de hacer un nuevo viaje más largo, y con su hija. Esperan a que Julia tenga la edad adecuada.
Por fin, el Alba Plena iza sus velas un domingo de verano y no volverá a ese lugar hasta 24 meses más tarde.

 

El plan es que durante dos años la tripulación deberá haber hecho esta travesía: Vigo, Baleares, Cerdeña, Sicilia, Sur de Italia, Croacia, Montenegro, Grecia, Francia, vuelta a Gibraltar, Canarias, Cabo Verde, Brasil, las Antillas Menores, Colombia, Panamá, Honduras, Belize, México, Cuba, Bahamas, Florida, Bermuda, Islas Azores y Vigo. Según cuenta Nuria en el blog de viaje que publicó, a modo de cuaderno de bitácora, el día que partieron había “muy poco viento. Fuimos motoveleando prácticamente todo el día. Eso sí, sol y calor, con lo que paramos el barco y nos bañamos. ¡Es increíble bañarse con 1500 metros de agua bajo tus pies!” De la playa de Barra se dirigen a Portugal, pasan por El Estrecho hasta alcanzar Baleares, Cerdeña, Sicilia y el Adriático. Fondean en Croacia, Grecia y Francia, bajan a Canarias y de ahí cruzan hacia el Atlántico. 11 de días de navegación hasta llegar a Cabo Verde.

Archipiélago de San Blas

El barco lleva todo el equipamiento necesario, provisiones para suficiente tiempo y repuestos. “Teníamos que llevar muchas cosas de aquí. Íbamos a estar en sitios como los archipiélagos de San Blas que el pueblo más cercano está a seis horas de navegación”, cuenta Nuria. El Alba Plena posee dos camarotes, cocina completa, lavadora, congelador… “También nos llevamos los libros de tercero y cuarto de Primaria para Julia. Yo me encargada de darle las clases”, explica Nuria. A Julia no le afectó negativamente, ni lo más mínimo, la experiencia a nivel educativo. Su madre le daba las clases. Por el contrario, su nivel de inglés creció a lo largo del viaje y la experiencia vital que supuso para ella fue crucial, según relata su madre: “Julia aprendió algo que no olvidará en su vida. Que los límites en la vida se los pone solo ella y también a pensar que somos muy afortunados. Mi hija ha jugado con todos los niños que encontramos durante el viaje y también ha visto con lo poco que vivían muchos de ellos”.

En el Alba Plena su tripulación charla, lee, bucea, da o recibe clase de Primaria, navega, arregla alguna avería, compra fruta a los nativos de cada lugar o pesca, se deja llevar por el viento o por la corriente a otro lugar. Así hasta alcanzar la costa al otro lado del Atlántico.

 

Noches caboverdianas

El 17 de noviembre de 2015 salen de Las Palmas rumbo a Cabo Verde. Por la travesía les acompañan peces voladores, atunes y doradas que acaban, en algunas casos, en la cocina de a bordo. Hacen 870 millas en cinco días hasta llegar a Bahía de Mindelo. Quedan con amigos que residen allí y Nuria, que canta como los ángeles, se anima a acompañar en las noches cálidas caboverdianas, a una cantante durante un espectáculo en el club náutico, con clásicos como Summertime, Corcovado o Garota de Ipanema. Dejan atrás Cabo Verde y se dirigen a Salvador de Bahía y Fortaleza.

“No nos llevamos ningún susto -nos cuenta Nuria- excepto condiciones meteorológicas peores en algunos momentos. Lo peor que nos podía haber pasado es encontrar piratas. Pero, para eso, seguíamos las noticias de una web sobre los asaltos que ocurrían en el Caribe y decidimos evitar la costa de Venezuela por precaución”.

Al llegar a la Guayaba francesa, fondean en la isla del Diablo. Deciden visitarla porque antes había un penal, muy conocido gracias a la novela (y película) Papillón. Ya no hay restos del paso de Dustin Hoffman o Steve McQueen, protagonistas de la película, ni de ningún preso, pero la antigua cárcel se conserva muy bien y ahora sus habitantes son pavos reales, monos, iguanas y guacamayos. De ahí se dirigen a Barbados, pero descartan quedarse más de lo necesario ya que se trata de un lugar muy caro para ellos y para su barco. La urgencia es conseguir una lavadora y reparar algunas cosas del Alba Plena. Y saben que en Martinica hay una delegación de los astilleros Amel, donde se construyó el velero. Ya han recorrido 13.000 millas de travesía desde que salieron de la playa de Barra.

Durante las noches, Nuria y Julio hacen guardias. En la noche oceánica los adultos se dan cuenta de lo pequeños que son sobre la masa de agua inmensa. “Te ayuda a relativizarlo todo -nos cuenta Nuria- .Y de la parte emocional de la experiencia te quedas con al gente que conoces, con escalas como la que hicimos a la Ciudad Perdida en la Sierra de Santa Marta, en Colombia, con los indios kogui, que viven aislados de todo”. “Y el privilegio de fondear en islas desiertas -continúa- de estar días enteros sin ver a ninguna persona. El Caribe es un regalo para los que buceamos”.

 

Mar de plástico

Permanecen ocho meses en Colombia y Panamá al abrigo de los huracanes. Cuando pasa el peligro, siguen rumbo a Belice, Honduras, México, y Cuba. En la isla, Nuria, que es vocal de un grupo de jazz, en Vigo, se deja llevar por la conexión que genera la música y recibe entusiasmada los consejos de un maestreo cubano de la guitarra. Por las costas hondureñas les entristece ver el mar de plástico de varias millas con el que se encuentran: “Tenía una profundidad de metro y medio. Allí podías encontrar de todo: chanclas, botellas, tapas de retrete… la contaminación es una realidad. La concienciación la tenemos en el Primer Mundo. La gente se cree que lo tiran al mar y desaparece pero no es así”, recalca.

El siguiente destino es Bahamas, donde visitan Pig’s Beach, una playa donde viven cerdos de tamaño considerable (se encuentran media docena) y disfrutan del buceo en las aguas más transpaerntes que han visitado por ahora. Después Nassau y Florida, donde toca hacer turismo espacial (Cabo Cañaveral) y, dedicado a Julia, a la que se lo habían prometido, visitan los estudios Universal. Así que es hora de mezclarse con Bob Esponja y los Minions.

 

En este punto de la travesía, Nuria y Julio deciden que su hija debe volver en avión a España. La travesía de vuelta es mucho más complicada que la ida y no quieren exponer a Julia a ningún peligro. El 29 de marzo de 2017 la tripulacion del Alba Plena se queda con solo dos miembros. Es hora de organizar la vuelta a casa. En la travesía de vuelta, desde Titusville, Florida, hasta Azores, les acompaña su amigo Kako Castro.

La distancia de regreso supone recorrer más del doble de lo que supuso la ida. Ahora deben enfrentarse a 4.000 millas pasando por zonas de fuertes borrascas. Desde Florida enfilan el Alba Plena hacia Bermudas y de ahí Azores hasta entrar por la bocana de la Ría de Vigo. Pero las 800 millas que separan la costa Este de Estados Unidos con Bermudas se hacen duras. Entre otros problemas, el génova se raja, unas redes se enganchan a la hélice… Todo se soluciona pero la siguiente etapa se hace aun más complicada, hasta Azores. Los partes meteorológicos se quedan cortos en sus previsones. Y la tripulación del Alba Pena busca aliados entre los barcos que se encuentran en su misma latitud. Dan con El Atlantide, de Leo, o con un palangrero de A Guarda (Pontevedra), con el que Nuria y julio hablan un buen rato: paisanos que se encuentran en medio el océano. Al fin llegan a Horta y celebran haber superado la odisea con compañeros como Leo, que también ha conseguido llegar.

El 25 de mayo de 2017 pasan por delante del faro de Cabo Silleiro (Pontevedra) a las 23.00 horas, que les ilumina. Vuelven a la misma playa de hace dos años donde un grupo de amigos los reciben. Finalmente, enfilan el barco hacia Bouzas, la marina donde no duerme el Alba Plena desde hace dos años. Otra bienvenida con cava y empanadas. Se abrazan y dejan allí al velero, solo por primera vez desde el 21 de junio de 2015.

“Mi marido y yo estuvimos tres noches sin dormir. Nos faltaba el meneo del barco. También teníamos el sueño un poco tocado de las guardias. Me costó acostrumbrarme de nuevo al ruido. Entrar en un bar y escuchar todas esas voces frente a la calma de nuestros últimos dos años”, recuerda Nuria. “La experiencia nos influyó a los tres. ahora Julia tiene 12 años. No es momento de repetir. Será una cuenta pendiente”.

 

Blog de la travesía: https://albaplena.weebly.com/