basuras marinas

Desde hace no mucho tiempo hemos podido observar, y vivir de primera mano, que eventos meteorológicos extremos se van dando con mayor frecuencia; algo a lo que no estábamos acostumbrados. Tormentas y temporales con nombre propio, por cierto.

El último, y todavía latente, Filomena; y el del año pasado, que batió con fuerza las costas levantinas y baleares, Gloria. Tras su paso, caos. En la costa vemos cómo rápidamente las playas se arreglan y adecuan, y poco a poco todo vuelve a la normalidad, queda todo de escaparate. Sin embargo, cuesta olvidar las imágenes de las playas llenas residuos y plásticos devueltos por el mar tras años de descuido y poca conciencia ambiental y social. Es como si el mar hubiera dicho: “hasta aquí, no cargo con más”. Y, aun así, lo que veíamos en la arena era apenas una pequeña muestra de todo lo que todavía contiene en su seno, a micro, pequeña y gran escala. Son escenas cada vez más frecuentes, pues los temporales también se van sucediendo de manera más habitual.

No son sólo las bolsas, bastoncillos de los oídos, neumáticos, envoltorios, etc., algunos incluso de hace décadas, de productos que ya están fuera del mercado. El gran problema es la increíble cantidad de trozos y trocitos minúsculos en los que estos residuos se descomponen, los conocidos como microplásticos: pequeños fragmentos de plástico, menores de 5 milímetros, que pueden haber sido fabricados con ese tamaño (pellets, por ejemplo) o que derivan de otros de mayor tamaño tras su descomposición. Estas partículas pueden acabar siendo ingeridas por los diferentes organismos que habitan en el mar y ser transferidas a través de la cadena alimentaria, y con ellas, diferentes sustancias nocivas que puedan llevar adheridas y que seguramente tendrán graves consecuencias para la vida marina. La palabra microplástico fue elegida palabra del año 2018 por la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA).

A parte de estas pequeñas partículas, los fragmentos más grandes suelen afectar principalmente a la fauna de mayor tamaño (tortugas, ballenas, aves, etc.). Muchos de ellos quedan enganchados o enredados en bolsas o anillas de plástico, produciéndoles asfixia o heridas importantes. Además, como decíamos antes, también pueden ser ingeridos, como es el caso de las tortugas, las cuales se alimentan de medusas, y muchas veces llegan a confundirlas con bolsas de plástico. Esta ingesta se traduce en problemas de metabolismo, reproductivos, o incluso causarles la muerte.


Aunque toda esta información ya la conocemos en mayor o menor profundidad, parece que no llegamos a ser del todo conscientes de la magnitud real de la situación. Ya no es simplemente “algo que dicen algunos” sobre la durabilidad de según qué materiales, sobre la separación de residuos, reducir los plásticos de un solo uso (envases, bolsas, etc.). Es necesario empezar a realizar pequeñas acciones que contribuyan al bien general, no sólo medioambiental, sino también social; es algo que nos concierne a todos. Tras cada temporal, volvemos a presenciar una pequeña parte del gran problema del océano. Es evidente la necesidad urgente de un cambio de conciencia, de reflexionar sobre la dirección que queremos seguir.

BARRERAS NATURALES

A parte de plásticos, tras el paso de alguno de estos fuertes temporales, se observan en las playas y puertos arribazones de fauna y flora marina. Por un lado, gran cantidad de peces, procedentes en su mayoría de piscifactorías, cuyas jaulas se soltaron o rompieron por la acción del viento y oleaje, y que rápidamente son retirados de la arena para evitar su descomposición. Por otro lado, también se encuentran acumulaciones de dos especies de plantas marinas comunes en nuestra costa mediterránea: Cymodocea nodosaPosidonia oceánica. Ambas tienen un gran papel en el medio marino formando praderas que cubren grandes extensiones y estructurando ecosistemas complejos.

¿Cuál es la importancia de las praderas frente a los temporales? Su capacidad para actuar como barreras frente al oleaje, amortiguando el impacto de las olas, y su contribución a la fijación del sedimento gracias al sistema que forman sus raíces. También realizan esta función cuando llegan a la orilla sus hojas u otros restos de la planta, pues ayudan a afianzar la arena de la costa; convirtiéndose en un elemento indispensable en las playas que no debería retirarse.


No hay duda de que los cada vez más frecuentes y fuertes temporales afectan a estas defensas naturales que, por otro lado, llevan sufriendo una regresión continua desde hace años debido a la acción del hombre, siendo uno de los problemas principales el fondeo sobre las praderas. Si se hubieran cuidado y protegido a su debido tiempo, algunos de los daños materiales causados en paseos marítimos y alrededores podrían haber sido atenuados por dichas praderas.

Por lo tanto, estas imágenes y las reflexiones que hacemos ante ellas podrían ser dos. Por un lado, el necesario cambio de conciencia social y de consumo. Por otro, que puede valer más la pena invertir en estrategias y medidas de protección ambientales adecuadas a cada espacio, y en el seguimiento y control de los mismos, antes que en una reconstrucción al uso de dichos espacios comunes.

Marieta Martínez

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