cruz roja del mar

Mucho han cambiado las cosas desde que en 1971 el gobierno español encomendó a Cruz Roja Española la difícil labor de “Procurar el salvamento de las personas que se encuentren en peligro en la mar o a lo largo de las costas españolas, o aguas interiores navegables, así como llevar a cabo tanta labor humanitaria como se pueda realizar a favor de la gente de mar”, creándose así la Cruz Roja del Mar tan admirada por todos los que nos sentimos próximos a ella. Esta institución tuvo, durante dos décadas, la responsabilidad de la protección de los miles de kilómetros de litoral de nuestro país.

Desde entonces la sociedad ha evolucionado y, con ella, todo lo que la genera y sostiene. Una parte de esta evolución está determinada o relacionada con la mar y su entorno: aumenta el tráfico marítimo en todas las líneas de navegación, se construyen barcos más grandes y con mayor peligro potencial para el medio ambiente, se desarrollan nuevos métodos de pesca artesanal y de altura, se populariza la navegación de recreo y se mejoran motores y sistemas de navegación que hacen que la gente de mar se adentre cada vez más en este medio.

Pero todo desarrollo tiene su contrapartida. Una serie de desafortunados accidentes humanos y ecológicos hacen ver al mundo la necesidad de nuevos mecanismos para la salvaguarda de la vida humana en la mar y protección del medio ambiente marino. Los estados se movilizan y comienzan a elaborarse convenios, acuerdos y protocolos a los que se adhiere el mundo civilizado.

En España, en virtud de la firma de estas disposiciones, se crea el ente público empresarial de la Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima (que todos conocemos como SASEMAR). Se diseña como modelo organizativo (a diferencia de otros sistemas de modelo único como por ejemplo el Coast Guard estadounidense), entre otras cosas, para integrar y coordinar en entidades que ya existían, como por ejemplo, la Cruz Roja del Mar.

Desde ese momento, la Cruz Roja del Mar desaparece como tal, así como sus protocolos de actuación y sus distintas dinámicas de trabajo. Lo que ahora se denomina Salvamento Marítimo de Cruz Roja sigue siendo la entidad más grande integrada en SASEMAR y comienza una nueva singladura y un nuevo orden en muchos aspectos. Entre ellos, por ejemplo, su modelo de financiación.

Desde entonces, la restitución de los gastos generados por conceptos como los remolques realizados por las embarcaciones de SASEMAR, o por las de las entidades integradas en el Sistema de Salvamento, es considerada como parte de la financiación necesaria para mantener activos todos los medios que conforman el ente público. Y convenientemente analizado, este hecho tiene una lógica aplastante. ¿Quién se sorprende cuando por un problema en un vehículo en la carretera se llama a la grúa y ésta solicita una prestación económica a cambio del servicio?

Salvamento Marítimo, siguiendo los convenios y tratados relacionados con la vida humana en la mar, a los que España está adherida, además del principio de humanidad en el que se fundamenta, encuentra su razón de ser en la protección de la vida de las personas en la mar. Pero hablamos de vida y no de bienes. Hay que aprender a establecer una clara diferenciación entre el rescate de vidas en peligro y lo que supone poner en peligro vidas para rescatar bienes en situaciones de riesgo generadas por un fallo mecánico, un accidente o incluso un comportamiento imprudente o temerario. En términos estadísticos un gran porcentaje de las acciones desarrolladas por los medios de Salvamento Marítimo responde a estos conceptos.

Ha quedado clara la diferencia entre garantizar la vida humana en la mar y garantizar la recuperación de los bienes materiales de aquellos que se adentran en las aguas. El ejemplo expuesto de la grúa y el coche es para todos suficientemente gráfico.

Pero todavía hay quien no entiende que existiendo SASEMAR, mantenida con financiación estatal, se facturen los servicios de remolque, por ejemplo, realizados por sus medios o los de las entidades incluidas en la sociedad.

Ante este razonamiento, una reflexión: ¿qué parte de los impuestos de cada ciudadano se destina a Salvamento Marítimo? Cualquier persona, incluso no entendido en la materia, puede razonar que de nuestros impuestos el porcentaje destinado a SASEMAR es despreciable frente a otros conceptos.

Estudiemos los pormenores de un incidente marítimo:

  • Secuencia habitual de la alerta de la emergencia: supone la existencia de un colectivo de personas permanentemente de guardia las 24 horas del día y organizada en turnos, así como la existencia de unos centros de recepción diseñados y emplazados para cubrir la totalidad del litoral español.
  • Localización de la tripulación de la embarcación de salvamento: supone la existencia de personal disponible 24 horas y 365 días al año, con la necesaria formación previa para atender la emergencia con las debidas garantías.
  • Movilización de las embarcaciones o aeronaves: exige el mantenimiento de las unidades en las mejores condiciones de navegabilidad o vuelo, tanto en la máquina como en el casco, así como la instalación de las necesarias ayudas a la navegación orientadas a la seguridad en la operación. Además hay que sumar en este apartado, los gastos generados por consumo de combustible, aceite, desgaste de motores, desgaste aparejos y una innumerable lista de pequeños conceptos en apariencia irrelevantes, pero que sumados suponen una inversión nada desdeñable.
  • Finalización de la emergencia: regreso de la embarcación a su puerto base con los correspondientes conceptos de desgaste y posibles desperfectos, así como el alistado de la embarcación para un nuevo servicio.

En base a esto, aunque muy global y primaria, en lo que se utiliza la parte de los impuestos destinada a la protección de la vida y la protección del medioambiente marino, es en el mantenimiento de un sistema de salvamento que nos permita trabajar o disfrutar de la mar con la adecuada garantía del riesgo controlado para la vida.

De los bienes se ocupan las compañías de seguros que, al igual que en tierra, se han creado para ello. Analizando la cuantía de las primas y los enormes gastos generados por las acciones de salvamento es sorprendente la cobertura que otorgan a embarcaciones y tripulaciones.

En definitiva, la restitución de los gastos generados por los rescates de bienes en la mar no es sino una necesaria vía para que SASEMAR y las entidades vinculadas al salvamento marítimo puedan mantener sus medios y velar día y noche por la vida humana en nuestras aguas. Sólo de esta manera podrán seguir garantizando a todo aquel que trabaja o disfruta de la mar, nuestro querido medio, una luz de esperanza ante la adversidad que hasta al más experto navegante puede alcanzar.

Texto por Alberto Muñoz Amor – Capitán de la Marina Mercante, Doctor en Marina Civil, en la actualidad trabaja como controlador de Salvamento Marítimo.

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