Nuestra primera parada del verano es atlántica. Nos convertimos en uno de los 2.200 privilegiados que visitan cada día el archipiélago gallego

Protegiendo la ría de Vigo de la fuerza del océano Atlántico, las islas Cíes son un paraíso natural que envuelve y cautiva a todo aquel que decide visitarlas. Cogemos el barco en el puerto de Vigo. La travesía permite que veamos desde dentro la ría, la misma que situó al capitán Nemo en busca del tesoro de Rande, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino (en este capítulo es cuando el profesor Aronnax intenta escapar del Nautilus). Y por esta ría que ahora surca Just the sea, vestidos más bien como el capitán Ahab, estamos esperanzados en encontrarnos algo más valioso y del mismo color que las monedas de oro que recogían los buzos de Nemo en su libro. Nosotros vamos en busca de un caballito de mar de Cíes seres de un mundo protegido que ahora las instituciones quieren cuidar más que nunca.

Junto con las islas de Ons (Bueu), Sálvora (Ribeira) y Cortegada (Vilagarcía), las islas Cíes llegan a la “recta final” en su candidatura a Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La nominación está impulsada por el ayuntamiento de Vigo y la Xunta de Galicia y en la petición destaca la importancia de las ínsulas como refugio único de fauna y la flora, y de nuestros signáticos, como los científicos llaman a los caballitos de mar.

El archipiélago pertenece, desde 2002, al Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia y cuenta, además, con otras distinciones europeas que protegen su biodiversidad. Estas son algunas: Zona de Especial Protección de los Valores Naturales, Zona OSPAR, Zonas de Especial Protección y ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves). Por este motivo, y con el fin de preservar y cuidar este pequeño refugio situado a tan solo 15’7 km de la cuidad de Vigo, todos los que atravesamos hoy la ría en este ferry estamos deseando pisar la que hace algunos años fue reconocida como la mejor playa del mundo por The Guardian.

Solo somos 2.200 afortunados al día los que podemos visitas el “Caribe gallego”.

 

 

Por partes

Desembarcamos en el puerto de Cíes. El archipiélago está compuesto por tres islas: Faro, Monteagudo y San Martiño. La isla de los dioses, como la conocían los romanos parece estar hecha a capricho de la naturaleza, llena de contrastes en un equilibrio singular, en el que su fauna y su flora son las grandes protagonistas.

Este pequeño paraíso bañado por frías aguas cristalinas, que rondan los 15-18ºC en temporada estival, son el refugio de numerosas especies animales y vegetales. El continuo vaivén de aguas que entran y salen de las rías gallegas junto con la mezcla de agua dulce y salada, favorecen la concentración de nutrientes y microorganismos. Además de los 2.200 privilegiados, la visitan ballenas, delfines y tortugas marinas. Los acantilados, expuestos al fuerte oleaje atlántico, rebosantes de mejillones y percebes comparten espacio con un pedregoso fondo marino, donde los pulpos, las nécoras o las centollas, encuentran un hábitat ideal. Las playas protegidas y más tranquilas de la parte Este de la islas, constituyen un espacio perfecto para los moluscos, los rodaballos o los lenguados. Mientras que las anémonas, los bosques de algas pardas y los erizos de mar encuentran su lugar en las zonas más rocosas del interior de las islas. En sus fondos, también se observan restos arqueológicos llenos de historias de piratas y naufragios. Esa era la parte que conocía bien Nemo.

En la superficie, las Islas Cíes no dejan de sorprendernos. La relevancia ecológica del medio terrestre es de gran valor, muchas de las especies endémicas de fauna y flora que habitan en las islas están representadas en la Lista Roja de la Flora Vascular Española, y por lo tanto, en peligro.

El paisaje vegetal es el resultado de diversos factores ambientales, en el que se pueden apreciar tres ecosistemas: roquedos y acantilados, playas y dunas y matorrales, que acogen especies que en continente están en peligro o no son comunes. Entre la flora destaca la conocida en Galicia como herba de namorar (hierba de enamorar), una pequeña planta medicinal de pequeñas flores redondas de un fuerte color violeta.

 

 

Patiamarilla

Al igual que la fauna marina, las aves encuentran un hogar idóneo con acantilados donde anidar, abundancia de recursos marinos y parcialmente apartado de la mano del hombre. La gaviota patiamarilla es la especie más abundante, constituyen en las islas la mayor concentración del mundo de esa ave. Destacan también pequeñas aves marinas como la parcela pichona o el arao común, los anfibios, algunos mamíferos silvestres como la nutria y pequeños reptiles, todos ellos inofensivos y no venenosos.

Nosotros venimos a disfrutar de las playas, hacer rutas de senderismo, observar la vía láctea por la noche (hacemos noche en el camping), disfrutar de la fotografía o avistar aves.

Le haremos caso a The Guardian y nos quedaremos en la playa de Rodas. Después de la siesta, nos adentraremos por alguna ruta en la otra cara de las isla, la que está expuesta a la furia atlántica, donde hay 4 rutas definidas (La Ruta del Faro de Cíes de 3,5 km con 175m de desnivel, Ruta del Faro da Porta de 2,6 km con 55m de desnivel, Ruta del Alto do Príncipe de 1,7 km con 122m de desnivel y Ruta del Faro do Peito  de 2,5 km con 60m de desnivel) con punto de inicio en el puerto, en el que se encuentra también la caseta de información en la que hemos preguntado por el caballito de mar.

Nadie de los 2.199 compañeros de isla lo ha visto. Esperaremos a mañana, quizá se acerque a saludarnos uno, sabiendo que los dioses los protegen.